Por un Poder Constituyente Feminista

Camila Aguayo León

Licenciada en Psicología y miembro de la Asamblea Feminista Plurinacional.

Asamblea Feminista Plurinacional

«Como feministas debemos ir más allá de las “demandas de las mujeres” y ser capaces de proponer un nuevo modelo de Estado y sociedad. Los derechos sociales deben estar asegurados, el establecimiento de una vida digna, del buen vivir y un espacio libre de violencia»

El 18 de octubre marcará, sin duda, un antes y un después en la sociedad chilena. Muchos y muchas salimos a las calles cansadas de vivir en un país profundamente desigual y que precariza nuestras vidas. A pesar de que ese día simboliza el inicio de un nuevo ciclo político y social, la revuelta social podría pensarse como el desenlace propio una acumulación de años de descontento, lucha y movilización social.

Frente a la álgida movilización social desde el 18 de octubre y en un contexto marcado por la represión y las graves violaciones a los derechos humanos, los y las presidentas de los principales partidos políticos de nuestro país firmaron el “Acuerdo por la Paz Social y Nueva Constitución en Chile”. Para muchos y muchas esa firma marca el inicio de un proceso constituyente en nuestro país, pero si nos detenemos a recordar las semanas previas al 15 de noviembre, el pueblo ya había comenzado a cuestionar los cimientos del sistema político, social y económico de nuestro país y también había instalado ya, la demanda por una Asamblea Constituyente.

Por otro lado, en dicho acuerdo hay una la falta de apertura y democratización. Sin representantes del mundo social y con el ánimo de mantener el régimen político imperante, se firma un acuerdo a espaldas de la ciudadanía, forma propia de la política de los consensos de la transición.

A pesar de todo esto, podemos decir que, gracias a la protesta y la movilización, tenemos la oportunidad histórica de acabar con la constitución de la dictadura. Entonces nos queda el gran desafío de exceder los márgenes del acuerdo y de lograr un efectivo proceso popular y soberano.

I. Democratizar el Proceso Constituyente

En la tarea de democratizar este proceso, las feministas ya hemos aportado bastante y demostrado con creces que la movilización y la disputa pueden ampliar los márgenes. La paridad fue un hito fundamental, pero sabemos que con eso no basta y que para democratizar radicalmente debemos disputar cada uno de los espacios, ya sean institucionales o no institucionales. Esta disputa debe estar marcada por la articulación con grupos histórica y sistemáticamente excluidos.

Los procesos constituyentes nos brindan la oportunidad de participar de acuerdos sociales y de ser protagonistas de escenarios en los que históricamente hemos sido excluidas, es ahí donde radica la importancia de este periodo. Nunca ha existido la democracia para nosotras, no se nos ha permitido ejercer nuestra ciudadanía de manera plena. Pero las feministas no buscamos una igualdad formal, no queremos la democracia en la medida de la posible, proponemos una democracia radical. Señalamos que el feminismo es profundamente democratizador y es por eso por lo que debemos posicionarnos como actoras claves durante el 2020.

Bien sabemos que existe una gran diversidad dentro del movimiento feminista, entonces, ¿Cómo podríamos avanzar hacia establecer acuerdos de cara al plebiscito de abril, a las elecciones de octubre y para la eventual Convención Constitucional?

II. Articulación feminista

La articulación y despliegue territorial que logremos materializar en cada uno de los territorios de nuestro país es fundamental. La diversidad del movimiento feminista a la que me referí anteriormente aporta justamente a esa tarea. Debemos ser capaces de convocar a mujeres trabajadoras, estudiantes, de zonas rurales, indígenas, migrantes, disidentes y la gran pluralidad de mujeres que habitan nuestro país.

En base a la articulación, dentro del movimiento feminista, debiésemos avanzar en construir acuerdos y mínimos programáticos para disputar en la Constituyente. Existen ya demandas feministas claras y que se han instalado, pero esas demandas deben ser trabajadas en propuestas programáticas para la nueva Constitución.

Una experiencia interesante es la ocurrida en Ecuador en donde las mujeres elaboraron un documento colectivo denominado “Nosotras en la Constitución”. Allí se establecieron las principales reivindicaciones de las mujeres ecuatorianas, principalmente respecto a sus derechos políticos, el fin a la violencia machista y una perspectiva general con enfoque de género. Ellas establecieron “mínimos irrenunciables” e instalaron que la suscripción y ratificación de las convenciones y conferencias internacionales sobre los derechos de las mujeres por parte del Estado ecuatoriano estuviesen establecidas en la Constitución (1)

Si bien, el actual contexto chileno es diferente al ecuatoriano en ese momento, sería interesante pensar en la posibilidad de establecer acuerdos programáticos de las feministas para que sean defendidos tanto en la Constituyente como en las calles.

III. Elementos programáticos desde el feminismo

Un elemento programático por el cual debemos pujar es el reconocimiento del trabajo doméstico, reproductivo y de cuidados. Actualmente, el sistema económico, se sirve del trabajo no remunerado de las mujeres, nuestro cuerpo funciona como un elemento fundamental para la reproducción de la fuerza de trabajo.

En ese sentido, es que el reconocimiento de este trabajo no remunerado y del establecimiento de un sistema nacional de cuidados, no sólo entrega mayor autonomía económica y política (al poder hacerse parte de lo público) a las mujeres, sino que cuestiona uno de los cimientos del modelo neoliberal.

En la disputa de ideas en la Constituyente, debemos cuestionar las actuales relaciones de poder y lograr abandonar el Estado subsidiario para instaurar un Estado garante de derechos. Por eso, como feministas debemos ir más allá de las “demandas de las mujeres” y ser capaces de proponer un nuevo modelo de Estado y sociedad. Los derechos sociales deben estar asegurados, el establecimiento de una vida digna, del buen vivir y un espacio libre de violencia. Además, debemos proponer una nueva forma de concebir la ciudadanía, sobre todo la de las mujeres. Es imperante que nuestros derechos políticos sean reconocidos, así también el reconocimiento de nuestra subjetividad. Una nueva constitución debe ser capaz de recoger la diversidad, de no homogeneizar y de abandonar la visión androcéntrica. No basta con establecer que hombres y mujeres nacemos iguales ante la ley, sino que la Carta Fundamental debe ser capaz de relevar la diversidad de subjetividades.

IV. Desafíos del Proceso Constituyente

El proceso constituyente trae una gran cantidad de desafíos, sobre todo respecto a la democratización y a generar mayores aperturas en el marco constituyente. Las feministas debemos luchar por la eliminación del veto del 1/3, pues históricamente es el sector conservador que restringe los derechos de las mujeres. Es posible ofrecer salidas a ese veto, como por ejemplo el establecimiento de plebiscitos intermedios, en donde sea el pueblo el que decida frente a los disensos que se establezcan al interior de la Convención Constituyente.

Además, es indispensable disputar el tipo de constitución que se va a establecer. No podemos permitir que se establezca una mínima, en donde elementos cruciales queden en manos de los gobiernos y parlamentarios/as de turno. Por el contrario, debemos pujar por una constitución que establezca y consagre los derechos fundamentales y sociales y además, instaure un nuevo régimen político.

Hoy no sólo el movimiento feminista se ha posicionado como un actor clave, también existen diversos otros movimientos sociales como los socioambientales, los estudiantiles, los migrantes, entre otros, en ese sentido, es que las feministas debemos construir con todos los sectores antineoliberales.

Dicho lo anterior, es importante comprender que el escenario frente al Proceso Constituyente ha variado respecto a comienzo de año. Con la crisis sanitaria, la postergación de la fecha del plebiscito y con una derecha que pone en duda su realización, el escenario es aún más complejo de lo que habíamos imaginado. Es por eso que la generación de un gran polo político y social constituyente es clave en términos de no sólo asegurar la realización del plebiscito, sino también ser capaces de disputar contenido programático.

 


(1) Magdalena Valdivieso, Propuestas feministas en los procesos constituyentes latinoamericanos de las últimas décadas (Chile, 2016)


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