Constitución: Lo que dice, nos afecta

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¡Los animales a la Constitución!

Ignacia Uribe R.

Fundadora de Vegetarianos Chile y coodinadora general de #NoSonMuebles

#NoSonMuebles

Incluir a los animales en la nueva Constitución, reconocerlos como “seres sintientes”, garantizando su protección y el respeto a sus dignidad como un objetivo de Estado.

Me encantaría que esta columna se tratara de los cambios referentes a cómo los animales aparecen en la Constitución, pero no es el caso. Porque la realidad es que ni siquiera aparecen. ¿Sabían que la actual Carta Magna no hace mención a los animales en ninguno de sus artículos? Son completamente invisibles para nuestro cuerpo jurídico más importante, a pesar de que la sociedad se relaciona con ellos todos los días.

Esa es nuestra principal propuesta desde la campaña #NoSonMuebles: incluir a los animales en la nueva Constitución, reconocerlos como “seres sintientes” (un término acuñado por la ciencia y ya utilizado en otras constituciones alrededor del mundo), garantizando su protección y el respeto a sus dignidad como un objetivo de Estado.

¿Por qué “seres sintientes”? A pesar de que alguna vez los animales fueron considerados máquinas autómatas, desde hace más de un siglo que esta visión cambió. Actualmente está comprobado, y es indiscutible, que los animales vertebrados y gran parte de los invertebrados son capaces de sentir. Esto incluye sentimientos físicos, como dolor y placer, y también emociones, como estrés, miedo y felicidad. Científicamente se ha constatado, por ejemplo, que las ovejas entablan amistades profundas, que cada delfín elige su propio nombre, que los caracoles sienten cosquillas y que las vacas disfrutan resolviendo problemas. El año 2012 un grupo de científicos, liderados por Stephen Hawking, fue más lejos y publicó la Declaración de Cambridge; un documento que establece que además de sentir, muchos animales tienen consciencia de sí mismos y de su existencia.

Hoy, la Constitución chilena se queda corta cuando la miramos desde la perspectiva del derecho comparado. El año 2007, la Unión Europea adoptó el término “seres sintientes” en el Artículo 13 del Tratado de Lisboa, considerado su Constitución o marco según el cual los Estados miembros deben desarrollar sus propias leyes. A partir de ahí, Alemania, Austria, Suiza, Luxemburgo, República Checa y Cataluña han modificado sus Constituciones en pos de los animales. En Latinoamérica, Brasil, Ecuador, Bolivia y Costa Rica también han dado pasos para proteger a los animales en sus respectivas legislaciones.

Nuestra actual Constitución también está desactualizada respecto a las teorías filosóficas y morales que se han desarrollado a nivel mundial desde hace varios siglos, y con mayor fuerza desde los años 70’s. Retrocedamos un poco: numerosos pensadores, desde Pitágoras a Einstein, pasando por Kafka, Nietzsche y Schopenhauer, abogaron por los derechos animales. Podemos decir que fueron genios adelantados a su tiempo, mientras que hoy un número importante de filósofos contemporáneos está de acuerdo en que, si los animales pueden sentir e incluso tienen consciencia de su existencia, se desprende de forma lógica que tienen intereses propios. Esto quiere decir que su vida les importa, tal como nos importa a nosotros la nuestra, independientemente de si esa vida tiene un valor para alguien más.

De acuerdo a lo anterior, los animales poseen un valor inherente, que no se funda en su capacidad de razonar ni de expresarse, sino en la de sentir, tener memoria, creencias, autodeterminación y sentido del futuro. Este valor inherente los hace sujetos de derechos que nosotros estamos en la obligación moral de reconocer. Y el primer paso para avanzar en este sentido es darles un espacio en la Constitución.

En los últimos años, hemos sido testigo de cómo se han multiplicado las agrupaciones animalistas de toda índole, que reflejan las numerosas preocupaciones e intereses de la sociedad civil sobre este tema (no por nada llevamos casi 100 mil firmas en www.nosonmuebles.cl). Estos grupos -siempre financiados por sus propios miembros- se han hecho cargo de problemáticas que van desde la esterilización, tenencia responsable y abandono, hasta la protección de animales marinos, maltrato en mataderos y santuarios de rescate.

Esto pone en evidencia que, como ciudadanos, consideramos que estos problemas son tan urgentes como para hacernos cargo personalmente de ellos. Pero ya es hora de que sean un objetivo de Estado; incluirlos en la Constitución es la base legal para la protección de los animales, que más tarde influenciará las acciones de las autoridades y dará el pie para implementar leyes especiales que resguarden sus derechos. Además, de esta forma los animales se convertirán en un tema prioritario para nuestro país, con la posibilidad de tener presupuestos asignados para su desarrollo. En un tiempo más, por ejemplo, se podría crear una Subsecretaría Animal que implemente políticas públicas de protección y programas educativos a nivel escolar, entre otras tantas iniciativas que como sociedad nos hacen falta.

Pero vamos paso a paso, y el primero está claro: reconocer a los animales como “seres sintientes” en la nueva Constitución.

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